Un recorrido completo, rincón a rincón, por la zona peatonal más grande y mejor conservada del mundo árabe.
Lo imprescindible de la medina de Fez es: Bab Boujloud (la puerta azul), la Universidad de Al-Qarawiyyin, las madrasas Bou Inania y Al-Attarine, las curtidurías de Chouara, la plaza de los caldereros Seffarine, la fuente de Nejjarine, el barrio judío de la Mellah y la puerta del Palacio Real.
La medina de Fez -conocida como Fez el-Bali, "la Fez vieja"- es la zona peatonal urbana más grande del mundo y una de las mejor conservadas de todo el mundo árabe. Fundada en el año 789 por Idris I, se convirtió durante siglos en uno de los grandes centros de comercio, religión y conocimiento del Magreb, y hoy conserva más de 9.000 callejones sin apenas circulación de vehículos motorizados: el transporte de mercancías sigue haciéndose, como hace mil años, a lomos de mulas y carretillas de madera, cuyos conductores avisan con un característico "¡Balak, balak!" para que despejes el paso. Caminar por Fez el-Bali es, literalmente, caminar por una ciudad medieval en pleno funcionamiento, no por un decorado para turistas.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981, la medina se organiza tradicionalmente por gremios: cada zona se especializa históricamente en un oficio concreto -curtidores, tejedores, plateros, caldereros, especieros-, una estructura que en gran parte se mantiene todavía hoy y que hace que pasear por sus calles sea, además de un paseo turístico, una auténtica lección de historia económica y social.
Cualquier visita a la medina suele empezar (o terminar) en Bab Boujloud, la gran puerta monumental construida en 1913, decorada con mosaicos de zellige azules por su cara exterior -en honor a Fez, "la ciudad azul del conocimiento"- y verdes por su cara interior, el color tradicional del Islam. Es uno de los puntos más fotografiados de todo Marruecos y el arranque natural de la calle Talaa Kebira, la arteria principal que recorre buena parte de la medina.
Fundada en el año 859 por Fátima al-Fihri, la Universidad de Al-Qarawiyyin está reconocida por la UNESCO y el Guinness World Records como la institución de enseñanza superior en funcionamiento continuo más antigua del mundo, por delante de Oxford, Bolonia o cualquier universidad europea. El acceso al interior está reservado a estudiantes y fieles musulmanes, pero desde sus puertas exteriores se puede admirar el impresionante patio interior, con sus fuentes de mármol y su arquitectura andalusí-magrebí, uno de los momentos más especiales de cualquier recorrido por la medina.
Fez concentra algunas de las madrasas -escuelas coránicas- más bellas de todo Marruecos, construidas durante la dinastía merinida (siglos XIII-XV), la época dorada de la arquitectura de la ciudad.
La Madrasa Bou Inania, terminada en 1357, es considerada por muchos historiadores como el ejemplo más logrado de arquitectura merinida en todo el país: combina zellige geométrico, yesería tallada y madera de cedro esculpida en un equilibrio casi perfecto, y es además una de las pocas madrasas de Marruecos con una función religiosa activa (mezquita) además de educativa.
La Madrasa Al-Attarine, más pequeña pero igualmente espectacular, se encuentra muy cerca de la Universidad de Al-Qarawiyyin y debe su nombre al cercano zoco de los especieros ("attarine" significa "especieros" en árabe). Su patio central, revestido de zellige y coronado por un techo de madera tallada, es una de las paradas favoritas de los fotógrafos.
Probablemente la imagen más icónica de Fez: decenas de tinas de piedra circulares, llenas de tintes naturales de colores intensos -amarillo azafrán, rojo amapola, azul añil-, donde el cuero se sigue curtiendo y tiñendo con técnicas prácticamente idénticas a las de hace ochocientos años. Las curtidurías de Chouara, las más grandes y antiguas de las tres que tiene la ciudad, se observan tradicionalmente desde las terrazas de las tiendas de cuero que las rodean, un mirador natural que además permite comprar directamente donde se produce. Un consejo práctico: el olor del proceso de curtido es intenso, y es tradición que los propios comerciantes te ofrezcan una ramita de menta fresca para sostener bajo la nariz durante la visita.
Poco después de la Universidad de Al-Qarawiyyin, un giro inesperado descubre Place Seffarine, la plaza de los artesanos del cobre y el latón, donde el golpeteo metálico de los martillos sobre bandejas, teteras y faroles lleva sonando siglos. Es una de las plazas con más carácter de toda la medina, y un buen lugar para sentarse un momento en uno de sus cafés y observar el trabajo artesanal en directo.
La fuente de Nejjarine, decorada con azulejos y madera tallada, forma parte de un antiguo funduq (caravasar) del siglo XVIII restaurado, que hoy alberga el Museo de Artes y Oficios de la Madera. Es una parada breve pero muy fotogénica, especialmente para quien se interesa por la carpintería y ebanistería tradicional marroquí.
A diferencia del resto de la medina, donde las casas y riads se cierran hacia patios interiores, la arquitectura de la Mellah -el histórico barrio judío de Fez, uno de los más antiguos de Marruecos- se reconoce por sus fachadas abiertas a la calle, con balcones de madera tallada, un rasgo distintivo heredado de la tradición sefardí. Vale la pena pasear por sus calles y, si el horario lo permite, acercarse a alguna de sus antiguas sinagogas.
Ya en Fez el-Jdid, la puerta principal del Palacio Real (Dar al-Makhzen) es una de las más espectaculares de Marruecos: siete puertas de bronce macizo decoradas con motivos geométricos dorados, flanqueadas por azulejos de zellige en tonos verdes y azules. El interior no es visitable, pero la fachada por sí sola justifica la parada y una buena sesión de fotos.
Fez el-Bali ("Fez vieja") es la medina fundacional del año 789 y la que concentra la inmensa mayoría de los lugares descritos arriba. Fez el-Jdid ("Fez nueva"), construida en el siglo XIII, es una zona distinta pensada originalmente para albergar el Palacio Real, la guarnición militar y, más tarde, la Mellah. Es algo menos laberíntica que Fez el-Bali y se recorre con facilidad en una parte del mismo día de visita.
La medina de Fez es también un buen lugar para probar la gastronomía marroquí más tradicional: el pastilla (hojaldre relleno, típicamente de pichón o pollo, con un contraste dulce-salado característico de la cocina fasí), la harira (sopa tradicional), y por supuesto el té a la menta, que se sirve en cualquier terraza con vistas a la medina. Las terrazas cercanas a Bab Boujloud son una opción popular para comer con vistas panorámicas mientras descansas del recorrido.
Un recorrido guiado completo por los puntos principales dura entre 3 y 4 horas; para explorarla con calma y sin prisa, medio día es lo ideal.
Sí, la medina de Fez es considerablemente más grande y se considera la zona peatonal urbana más extensa del mundo, con más callejones que la de Marrakech.
Es posible, pero no lo recomendamos la primera vez: es muy fácil perderse, y un guía local conoce además la historia de cada rincón, algo que se pierde caminando solo.
Incluye el recorrido completo de esta guía, con guía local acreditado.
La misma visita guiada, dentro de un circuito más completo.
Empieza tu viaje descubriendo la medina antes de salir al Sahara.