Los símbolos que han hecho de Marruecos uno de los destinos más reconocibles del mundo.
Marruecos es famoso, sobre todo, por el desierto del Sahara y sus dunas de Merzouga, la plaza Jemaa el-Fna de Marrakech, el té a la menta, la ciudad azul de Chefchaouen, sus zocos y artesanía, y platos como el tayín y el cuscús.
Si hay una imagen que representa a Marruecos en el imaginario mundial, es la de las dunas doradas del Sahara al atardecer, con una fila de camellos recortada contra el horizonte. La zona de Erg Chebbi, en Merzouga, es la más famosa del país para vivir esta experiencia, con noches de campamento bajo un cielo lleno de estrellas -algo que incluimos en prácticamente todos nuestros tours desde Marrakech.
Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO, Jemaa el-Fna es probablemente la plaza más famosa de África: encantadores de serpientes, puestos de zumo de naranja, música tradicional y decenas de puestos de comida que se montan cada noche. Es el corazón de Marrakech y punto de partida obligado de cualquier visita a la ciudad.
Servido en cualquier casa, tienda o zoco como gesto de hospitalidad, el té a la menta -vertido desde bien alto para crear espuma- es una de las tradiciones más reconocibles de Marruecos, hasta el punto de que se le llama en broma "el whisky marroquí".
Las calles y edificios pintados en distintos tonos de azul de Chefchaouen, en las montañas del Rif, se han convertido en una de las imágenes más compartidas en redes sociales de todo Marruecos, y en parada casi obligada en los circuitos más largos, como nuestro tour de 10 días.
Alfombras bereberes, cerámica azul de Fez, cuero de las curtidurías de Chouara y lámparas de metal calado son sinónimo de Marruecos en cualquier parte del mundo. Puedes leer más en nuestra guía sobre qué comprar en Marruecos.
El tayín -guiso cocinado a fuego lento en su recipiente de barro cónico- y el cuscús de los viernes son, junto al té a la menta, la cara más reconocible de la gastronomía marroquí en todo el mundo, además de la pastela (un hojaldre dulce y salado) en las ocasiones especiales.
Combina en un espacio relativamente pequeño desierto, montaña, costa y ciudades históricas, todo a pocas horas de vuelo desde Europa, lo que lo hace un destino muy completo para un solo viaje.
La Kasbah de Ait Benhaddou, Patrimonio de la Humanidad y escenario de películas como Gladiator, es probablemente el monumento más fotografiado del país junto a la Mezquita Koutoubia de Marrakech.
Ait Benhaddou, el desierto y una noche de campamento en Merzouga.
Incluye Chefchaouen, la ciudad azul, y los zocos de Marrakech y Fez.
Vive la imagen más icónica de Marruecos: una noche bajo las estrellas del Sahara.